ZÚRICH, SUIZA — 14 DE OCTUBRE DE 2026
El máximo ente rector del fútbol mundial atraviesa una severa crisis institucional tras la polémica decisión de revocar de facto la suspensión del delantero estadounidense Folarin Balogun durante la Copa del Mundo. La FIFA pretende modificar la redacción del artículo 27 de su Código Disciplinario con el objetivo de justificar con efecto retroactivo su gestión en el caso, en medio de acusaciones de haber cedido ante la injerencia política del expresidente estadounidense Donald Trump.
El conflicto se remonta a la fase de grupos, cuando Balogun fue expulsado en el choque frente a Bosnia. Según la normativa que ha regido el balompié internacional durante los últimos 20 años, una tarjeta roja conlleva de forma automática la suspensión mínima de un partido. Dicho principio reglamentario establece que la sanción solo puede ser impugnada bajo supuestos excepcionales: una confusión documentada en la identidad del jugador expulsado o una tarjeta derivada de un fallo arbitral manifiestamente incorrecto. Ninguno de estos supuestos se cumplió en la acción del atacante.
Sin embargo, el caso tomó un giro político cuando el propio Donald Trump admitió públicamente haber telefoneado al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para interceder por el futbolista bajo la afirmación de que la jugada no constituía infracción.
Ante las suspicacias generadas, la Comisión Disciplinaria de la FIFA negó haber actuado bajo presiones externas. En una comparecencia emitida el pasado 6 de julio, el órgano sostuvo que no revocó la expulsión de Balogun sufrida el 1 de julio, sino que la declaró «suspendida y a prueba». La resolución impuso una multa de 40.000 dólares y un partido de sanción, pero al dejar la pena en suspenso durante un año, el delantero quedó habilitado para disputar el cruce de octavos de final contra Bélgica, encuentro en el que la selección belga se impuso por 4-1.
La medida provocó la reacción inmediata de la Federación Belga de Fútbol, la UEFA y un bloque de eurodiputados, quienes han formalizado solicitudes para investigar a fondo los procedimientos del organismo internacional y determinar si existió una violación a la neutralidad deportiva.
Incluso el propio jugador expresó su asombro por la resolución favorable. Días después de la eliminación del combinado norteamericano, Folarin Balogun confesó que al ser informado sobre la decisión de la FIFA de permitirle jugar frente a Bélgica, pensó que se trataba de una «broma» y que la situación le pareció «irreal».
La iniciativa de la FIFA de alterar la letra del artículo 27 busca blindar legalmente el expediente y evitar precedentes jurídicos que invaliden sus resoluciones en tribunales deportivos internacionales.